Thursday, August 21, 2008

Te robaré un beso, así como el viento a los árboles le roba las hojas. Te robaré uno, tan sólo uno, efímera y furtiva. Estamparé mis labios en los tuyos, una rosa roja en tus latidos; seré yo tuya y tú, mío.
Dejaré mi aroma en tu aroma, para que lo bebas como el vino en una copa. Respiraré tus respiros y entre tus labios sembraré el más tierno y florido cultivo.
Hamelin va por los bosques entonando uno que otro hermoso acorde. Revolotean sus melodías por entre los árboles, entrelazándose en las ramas de los verdes árboles. De entre ellos, surge, súbitamente, un hada de alas dañadas y baja desde las alturas hasta llegar a él. Sus melodías entonces se detienen y sólo se oye una eterna blanca de silencio. Y este silencio, este infinito silencio, apaga la luminosidad del hada: cómo era posible que su Hamelin, que siempre vagaba por sus lares, interrumpiera sus sinfonías?Cómo era posible que llegara él a no tocar? Y mientras se interrogaba estas cosas el hada, Hamelin perdióse entre el follaje y no fue hasta mucho después que volvió a tocar.


X, qué eres sino un punto en este mar de soledad, un recuerdo que no se conforma aún con el olvido; qué eres sino una ceniza que se vuelve a encender al menor indicio de fuego. Como el resucitado huye de su tumba, huye tu recuerdo de los negros escombros del pasado y se me presenta ante los ojos con tal corporeidad como si fuese real.¡Cómo si fueses real, X!¡Cómo si fueses real! Que acaso he llegado a dudar de tu existencia, que acaso he llegado a imaginar que no has sido más que un hermoso-sino el más hermoso-sueño. Tus besos, tus caricias, tus palabras se las ha llevado el tiempo y se quedan allá atrás, cada vez más atrás, escondidas tras los meses, tras los años! Y es aquello una barrera más sólida aún que el mismísimo hierro, es aquello una verdadera frontera entre el ayer y el hoy. Ya no hay forma de tocarte ni de verte más que en sueños, más que en agridulces utopías, más que en míseros recuerdos, que no son más que un tormento, un llanto eterno en el alma y unas cuantas lágrimas en los ojos. Eres un grito en el pasado, cuyo eco destruye la estabilidad de la efímera alegría. Cómo desearía no recordarte; olvidar tus ojos, tus sonrisas, tus cabellos y tus tiernos besos. Cómo desearía no haberte conocido, olvidar quién eres y ser sorda a las súplicas del pasado.
Pero ya es hora de dejarte, cantar una canción para adormecerte y acurrucarte así en el eterno olvido.
Quiero morir congelada en este frío, en estas lágrimas, en mi propio vacío. Quiero ver esta sangre escarchada abandonar mis venas y verter su rojo acongojado en mis blancos atavíos.